¿Por qué una libélula?

El por que, es lo que todos preguntan, cuando marcas una parte de tu vida. Cuando algo es permanente cuesta decidir que será lo que quede grabado. Quizá le das demasiadas vueltas, y piensas en si tomarás las decisión correcta.

Piensas en cada situación complicada que pasa por tu historia de vida; los días buenos y los no tan buenos, los triunfos y los fracasos, esas charlas largas de madruga y esas cuantas que ya no podrás retomar.

Todo queda plasmado, vas dejando huella y al mismo tiempo alteras la huella de los demás.
Dicen que la vida te golpea con aquello que más amas o te importa, sólo de esta manera podrá doler tan intensamente; que tan seguros estamos de que sea la vida misma la que decide eso y no nuestras acciones las que nos van llevando a ello.

Los errores duelen, perderse y no saber cuál es tú identidad duele aún más; reconocerte y encontrarte puede ser un proceso aún más complicado de lo que se pueda imaginar.

Lo único seguro es que estamos cambiando, que evolucionamos y que lo hacemos desde hace millones de años.

Qué intentamos día a día mejorar, creando la versión que creemos ser, sin importar lo que los demás esperen de nosotros; no estamos aquí para darle gusto a nadie, ni para reprimir lo que pensamos y tememos decir por herir a los demás; puede ser que tanta evolución sirva para terminar con tanta hipocresía, dejar a un lado lo que nos consume o lo que simplemente no suma nada a nuestra vida. Pero quien podría asegurarnos esto.

¿Por qué una libélula?, simple. La perspectiva de toda una vida cambia, y está ahí para recordarte que al avanzar controlas a tus emociones y evitas que estas puedan consumirte. Qué el paso de los años no es sinónimo de hacerte más viejo, si no más sabio. Y así darte cuenta de que el día comienza y que es una oportunidad nueva de poder ser mejor que ayer y aspirar poder ser mejor mañana.

Qué sin importar lo alto que sea tu vuelo y la habilidad que tengas para hacerlo, podrás caer de manera inesperada; podrás perder el equilibrio con la seguridad de que el poder de levantarte lo tendrás y así emprender una vez más.

Y si tenemos el hoy, vivirlo; porque el ahora es quizá lo único seguro que podamos escribir en nuestra historia; la respuesta es simple, al hacerla permanente cumple su función de recordar que estamos en una constante evolución.


“Sobrevives, si descifras como despegar”

Estarán ahí, presentes. No solo con secarlas desaparecerán.
Bastan segundos para escupir todo aquello que hiere y que por alguna estúpida razón no pudo contenerse.

No se puede amenazar con un mañana que no tenemos seguro…
No se puede fingir felicidad, solo sonriendo…
No se puede creer una vida perfecta cuando la perfección no existe…

Así como hay blanco, el negro también es un color. ¿Por qué negarlo? si la ventaja es aceptarlo. Escribir, si quizá sea buena opción. Pero va más allá, aprender a soltar es la clave; tener presente que una parte de nosotros es frágil y que podrá romperse en cualquier momento, los pedazos caerán y no por ello debemos acostumbrarnos a verlos en el suelo; solo esperando que alguien más venga y limpie un desastre ajeno.

Y no, no es de locos. Pocos son los que resisten y la vuelven parte de si mismos. Deja de ser una lucha constante entre tus pensamientos.

Es como el viento; se tiene presente, aunque el momento en que sacuda seguirá siendo un misterio. Déjala fluir, la mente necesita eso para reactivarse y tomar vuelo.

¿Y que hay de las alas? no todos notamos tenerlas; si no sabes como, no las usas; quizá por miedo a desgastarlas o talvez nos creamos la idea de no saber volar.


Sobrevives, si! si descifras como despegar.

¿Es realmente el futuro como lo imaginamos?

Somos 7,730 millones de personas habitando el mundo, en distintos puntos de esta esfera no perfecta llamada tierra, amenazando con ser más. Somos completamente extraños, aún estando tan cerca.

Nos aceleramos tanto que perdemos el paso, podemos chocar tantas veces entre la multitud, que nos volvimos indiferentes; tanto que ni siquiera volteamos a disculparnos.

De cierta manera todos estamos fracturados y tememos aceptarlo, gritarlo y ver más allá de lo superficial. Nos guiamos con las apariencias y nada más.

El planeta esta lleno, en su mayoría de seres humanos, que aún no explotan al máximo su humanidad. Somos especiales de cierta manera, el nombre raro de nuestra especie nos hace diferente a las demás, se nos dieron dos herramientas extras que quizá aún no sabemos usar.

El saber ¿Cómo? va desde una investigación personal, psicológica, científica, espiritual y hasta religiosa; pero para que meternos en esos temas, en los que nos todos coincidimos y si lo debatimos terminaríamos mal.

Nos diagnosticaron narcisistas; por creernos superiores a todos, sumado a que perdimos empatía y un poco de actitud. Es un grito que se escucha a lo lejos mientras vamos con los audífonos bien puestos, ignorando cada vez con mayor facilidad.

No te levantas un día y decides cambiarlo, el cambio no es así de perfecto. Sin embargo, coincides con unos tantos que ya se cansaron de ver solo su reflejo y decidieron ver lo que se sacrificaba por sostener el espejo. Y te hacen cuestionarte ¿Qué estas haciendo? Y es ahí donde los pedazos caen lentamente al suelo; como un recordatorio que el cambio no son ideas, que el cambio son hechos. Nos tardamos en entenderlo, pero el mensaje siempre ha estado ahí, esperando su momento y te dice actúa, es tiempo.

¡Vuelan! En busca de la posibilidad de ser eternas…

¡Llegan! revoloteando todo a su paso, generando sentimientos inexplicables.

Son capaces de transformar el cielo gris a colores cálidos, mientras migran de un lado a otro, en una constante búsqueda de la felicidad.

Unen caminos, chocando a los distraídos, aquellas mentes que vagan la mayor parte del tiempo. Los que van desapercibidos agachando la mirada, viendo sus pies al andar, de prisa entre las multitudes. Aquellos que pelean con el viento, fijando bien los pies al suelo por miedo a flotar.

Se toman un minuto para observar. Tras varios trayectos mirándolos, siempre llama su atención, aquellos sujetos que no dejan de escribir, tanto que olvidan interactuar con el exterior. Es irónico, ellas se preguntan porque lo piensan demasiado, porqué ¡no se han arriesgado!. Ellas sólo esperan el día en que decidan volar y se encuentren, dándole la respuesta a lo que se preguntan una y mil veces ¿por que no llegaron a tiempo? , sin saber que su tiempo aún está esperándolos.

Pero que función tendrían ellas. Todo se vuelve caótico cuando llegan. Estarán listos para reír más de lo normal, tanto que sea estúpidamente, mientras sus ojos no dejen de brillar. Saben que paralizaran todo, de pies a cabeza. Estarán listos para equivocarse, ¡si!, porque lo harán y a veces elegirán erróneamente. Pero lo darán todo; porque de que sirve no hacerlo. Ya no quieren dar vueltas alrededor de alguien más, se quieren enfocar; y no esperan a que ese día llegue. Se aferran a pesar de saber que al igual que los suspiros ellas puedan ser solo pasajeras. Y que la posibilidad de ser eternas son mínimas, aunque esto sea lo que más anhelan.

Pero es algo que seguirán esperando. “Ese encuentro de dos distraídos por la vida, que aseguren su eternidad”.

¿Por qué no somos permanentes?

Asegúrate de no solo pasar por la vida de los demás sin ni siquiera sacudirla un poco”.

La mayor parte del tiempo, nuestro perfil es bajo en muchos sentidos; cuando amamos, soñamos o creamos algo, sin más lo ocultamos; es como olvidar tu propio cumpleaños. Tu identidad se esfuma ante el ojo del espectador.

El guion de nuestra vida se vuelve caótico y siempre esta cambiando, coleccionamos nombres de aquellos que pasaron por ella, sin darles el crédito por lo que pudieron haber logrado.

Se tiene la creencia de que te cruzas con las personas que tu inconsciente llama o espera. Muchos de esos rostros se sueñan en algún momento, suena loco pensar que atraes de cierta manera a quienes quieres conocer. No solo es casualidad, es raro pero debe tener algo de cierto. Nuestro yo interno presta atención en aquello que nos hace falta mientras vamos distraídos.

Cumplimos una función y de la nada desaparecemos, mientras completamos un ciclo estamos esperamos a que llegue alguien más, y esto deja de ser raro para convertirse en algo normal. ¿Por qué no somos permanentes?, quizá aún no estemos listos para eso.

Rechazamos la idea de desechar cosas, pero irónicamente lo hacemos, al grado de desechar todo, incluso personas. No hay futuro en relaciones pasajeras, da pena. Pero es real.

Nos venden la idea de crear vínculos y de la nada los vemos esfumarse. Juegan bastante con nuestros sentimientos y nos hacen insensibles después de un tiempo.

Caminamos hacia el mismo sentido, pero no al mismo ritmo. Nos perdemos en algún punto, convirtiéndonos en extraños, que fueron alcanzados por otros y que destruyen la idea de crear lazos eternos. ¿Por qué no cambiarlo un poco? Si ya es un hecho que nos iremos, porque no dejar algo positivo. Dejar un sin fin de anécdotas que puedas contarle a alguien más y quizá no seremos permanentes físicamente, pero nuestro recuerdo si lo será. Nos volvemos una película, en algún momento vas a volverla a ver aunque conozcas el final, pero va a dejar un buen sabor de boca. Hagamos eso, dejemos un buen sabor de boca en la vida de las personas.

Si escribiera un blog ¿Lo leerías?

Fue lo primero que se me ocurrió, y sin pensarlo tanto decidí postearlo. Más allá de la opinión externa, yo necesitaba cuestionármelo para tomar el riesgo y dejar de posponerlo.

¿Por qué escribo? No tengo ni idea, pero me gusta hacerlo y dije ¿Por qué no?…

Se nos da la oportunidad de hacer lo que queramos o eso es lo que nos hacen creer. La pregunta es; si de verdad es cierto o es uno de los tantos clichés que tenemos como seres humanos. La monotonía va siempre de prisa, alcanzándonos de una u otra manera, olvidamos lo que queríamos ser de grandes ya que lo somos, a pesar de tener a la mano un sin fin de posibilidades que nos dicen llegó el momento ¡hazlo!; pero simplemente decidimos ignorarlo y lo dejamos ir. Hay más miedo en nosotros del que podamos imaginar, nos aterra la idea de la crítica y de que todo salga mal.

El hoy se tiene que vivir hoy, y el ahora es incierto, me gustaría saber a ciencia cierta cuando es el momento correcto, pero al igual que yo nadie puede asegurarnos eso. Son tantos borradores inconclusos que puedes tener sobre un escritorio, que te cuesta terminarlos. Los planes suelen ser así, podemos centrarnos demasiado en aquello que creemos que los demás quieren observar, ignorando por completo lo que de verdad somos, pensamos y queremos mostrar.

Puede ser esté, un buen momento de dejar de tener miedo y simplemente fluir, es demasiado estrés para una sola mente pensante, el humano va más allá de solo cerebro, el alma necesita vibrar y si haces lo que de verdad anhelas quizá comience hacerlo, quizá la mía comience hacerlo. ¿La tuya lo hace?…